Policías Corruptos Certificados Inc.

by Juan Manuel Ramírez Velasco on 28 octubre 2014

Es evidente que nuestro país está en crisis. La dolorosa desaparición de 43 estudiantes normalistas, ha puesto en jaque a un gobierno federal, cuya misión por proyectar al país como un atractivo para la inversión extranjera -con "reformas históricas" en mano-, se ha venido abajo. Como montaje televisivo. Como el raiting de Laura Bozzo en papel de rescatista, el gobierno federal ha quedado muy mal parado frente a sus televidentes.

Y no es para menos. La violencia que se vive al interior del país, estrechamente ligada a la fatídica corrupción que nos acecha desde hace mucho, así como los intereses del poder inmiscuidos en lo ilícito -léase crimen organizado-, se han puesto de manifiesto con la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Y es que, la vieja tradición de esconder debajo del sillón la basura ya no funciona. Se ha acumulado tanta que, como en Springfield, ha comenzado a salir por todas partes.

El hecho de que policías municipales hayan secuestrado y desaparecido a 43 estudiantes, es sólo un caso más, de los muchos que a diario ocurren en el país. Los ciudadanos mexicanos pagamos, vía nuestros impuestos, el sueldo de nuestros agresores, de nuestros secuestradores.

Ya no es sólo el miedo a una detención arbitraria -como muchos de los casos que podemos encontrar en YouTube-, que termine en una probable incriminación en un asunto del que no tenemos conocimiento alguno -cualquier ejemplo es bueno-. Si no que también se añade el miedo a morir a manos de nuestros policías, de quienes se supone, deben cuidar por el bien de la polis, y sus ciudadanos.

De nada han servido los controles de confianza aplicados a los cuerpos policiacos. En Guerrero -una de las 35 entidades federativas acreditadas en el Fortalecimiento de Centros de Evaluación y Control de Confianza[1]-, el 91% o más de sus policías en activo habían sido evaluados[2]. Es decir que, el 91% de los policías a quienes se les relaciona con el crimen organizado, y con la desaparecieron a los estudiantes normalistas, habían aprobado dichos controles -de lo contrario, habrían sido dados de baja, y no estarían en activo al momento de lo ocurrido-.

Y es que, de qué sirve invertir en "controlar" a quienes deben procurar el "orden y el progreso", si no existe neutralidad en las instituciones que certifican a los cuerpos policiacos. En Guerrero, como señala una nota del diario 24 horas, "la evaluación de los policías preventivos [como en el resto de las entidades federativas] está a cargo del Centro de Evaluación y Control de Confianza estatal. La dotación de recursos económicos federales está condicionada a cumplir con los exámenes, no a la calidad de las pruebas."

Es así que se hace imprescindible replantearnos todo. Este momento de profunda crisis por el que atraviesa el Estado de Derecho mexicano, obliga a forzar un cambio de rumbo, un nuevo modo de hacer las cosas. Caso contrario, veremos el desplome fatal e inevitable de esta nave llamada México.